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Trigésimosegunda vuelta al sol

Me quedé embarazada a los 18, justo antes de empezar la universidad.

Hace ya días, de todo esto.


Unos dieron por hecho que fue un error, otros me pronosticaban una vida de fracasos y algunos otros auguraban lo peor para mi hija y para mí.

He cometido muchos errores, pero el ser madre joven no está en esa lista.


Lejos de hacer apología de ser una mamá adolescente, escribo esto en un ejercicio de autoconsciencia a vísperas del inicio de mi trigésimosegunda vuelta al Sol.


Hoy mi hija mayor es ya una adolescente, y además de otra de 6, llevo a las espaldas una carrera, 3 màsters, una capacitación en instrucción de mindfulness, 3 niveles de la escuela de negocios y muchos años de experiencia con niños, adolescentes, personas con discapacidad y patología mental, familias y mamás.


Obviamente hay tantísimas cosas que no he hecho: movidas de universitarias, viajes ociosos, fiestas interminables... Y nunca he sabido lo que es el aburrimiento ni estar sin tener nada por hacer.

Alguna vez habría deseado algo más de tiempo para llegar sin correr, pero fue precisamente eso lo que me construyó una mujer altamente productiva.


Me perdí muchas cosas, sí, pero gané tantas otras... Ser madre me dio un motivo sólido, una razón de ser, para avanzar constante hacia una meta concreta. Y a los 18 ya tenía esa razón.


Trabajé duro y estudié mucho. Fui infeliz algún tiempo. Enfermé de serlo. Luego me salvé a mí misma gracias al crecimiento interior. Siempre había sido una lucha contra la vida misma, desde bien pequeña. Pero de esto hablaremos otro día.


Me he llevado muchos golpes, la mayoría por creer que todo el mundo tenía mis mismas intenciones y principios. Algunos otros fueron fruto de errores de principiante, ignorante, inexperta, inocente. Pasé gran parte de mi vida a capa y espada.


Hoy en día sigo luchando, pero ya no de ese modo. Ahora vivimos por sacar adelante un proyecto que revoluciona la educación familiar, empoderando a mamás (sorbetodo) y a papás, y acompañando a sus hijos adolescentes hacia una vida con propósito. El proyecto es precioso y deseo ver cómo cumple la función de cambiar el paradigma. Poco a poco, y tiempo al tiempo...


No es fácil ser autónoma ni empresaria a la vez que madre, en ningún momento lo ha sido, y menos cuando el fisco sólo pone piedras en nuestro camino. Trabajamos para ellos todo el tiempo, no es nada nuevo, y eso puede llegar a ser muy frustrante en ocasiones. Nunca he recibido ninguna ayuda pública, ni cuando más lo necesité (para estudiar, para arrancar un proyecto o simplemente para comer).



Pero el hambre hace milagros, y cuando ha sido necesario, el universo me ha dado la fuerza y la paciencia para seguir adelante. Hablaré de ello en mi siguiente libro.



A los nuestros nos ha tocado una época de transición en la que hemos necesitado muchísimos recursos personales. Los conformistas lo han tenido más fácil (tal vez podría haberme resignado a la oposición a la que me insistía mi familia que aplicara). Pero no podía quedarme de brazos cruzados viendo el mundo que les dejaba a mis hijas. Y si optaba por la seguridad, sacrificaba la batalla. Mi rebeldía me llevó por el camino difícil. Y volvería a elegirlo sin duda todas las veces que me dieran a elegir. Soy fruto de cada paso, pero ese fue el que indicó la dirección.


Hay días en los que el cansancio aprieta y el miedo aparece sin pedir permiso, cuando las propuestas no tienen aforo, cuando los números no cuadran.

Y entonces paro. Cojo aire y recuerdo que hay en mí una reserva inmensa de valentía característica de toda mamá consciente. Y no es fácil ser mamá en este mundo que hemos heredado...


Pero cuando veo a las mujeres que han pasado por mis sesiones o mis clases, y las veo grandes, valientes, poderosas, ejemplos para la generación que les sigue; las veo convertidas en referentes, inspiradoras... eso me recuerda a lo que vine.


Cuando veo a los adolescentes conectando con su propósito, escuchando y aprendiendo conocimientos que muchos adultos mueren sin conocer, cuestionando todo, incluso a sí mismos... en ese momento recuerdo porqué tengo que seguir.


Cuando veo a los jóvenes preparándose para coger el relevo, formándose y creciendo a unos niveles increíbles... entonces recuerdo que todo irá bien.




Hay que seguir educando todos los días, y la mejor educación es la que se brinda desde el ejemplo.


Y por ello me esfuerzo en ser quien quiero que sean: fuertes, valientes, luchadoras, independientes, autoconscientes.


Y libres. Muy muy libres.


Sigamos juntas.

El club de las mamás valientes.

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